Hola de nuevo, queridos seguidores y seguidoras de este blog. Ya han pasado algunos días y todavía resuena el eco de la gran victoria conseguida por el F.C.Barcelona, tanto por el conseguir el trofeo, como por la forma de hacerlo. Se han escuchado todo tipo de opiniones y comentarios al respecto y aquí viene mi granito de arena.
Han sido unos últimos días muy intensos, como lo ha sido la temporada, en mi casita de las montañas. El Gallo tuvo el detalle de ver la final con este servidor y al finalizar el partido se despidió muy cortésmente y se marchó a respirar los aires nocturnos de la victoria, al Gallo le gustan las fiestas.
Por mi parte, debo declarar, que esta ha sido la final que con mas tranquilidad he visto. Será que el aplomo que muestra el Gallo Pitagóriko es contagioso, o que la sabiduría y la información que el Gallo comparte conmigo, y que yo hago de mero tornillo transmisor, para que mis lectores también beban de esa rica fuente, hace que conozcamos las cartas que se van a jugar de antemano.
Será simplemente que al Barça le cuesta muchísimo perder un partido, y perder dos finales en un año es altamente improbable.
Pero para llegar a esto ha habido que recorrer un largo camino.
Podemos tomar como ejemplo el periodo que comprende el 20 de mayo de 1992 y el 28 de mayo de 2011. Desde la primera Copa de Europa, hasta la cuarta, la Champions, pues hasta el nombre del torneo a cambiado. Hasta el escenario, aparentemente el mismo, es diferente, ya no es el Empire Stadium, el histórico recinto fundado en 1923. Ahora es otro , como el Barça. Antes, una final de la máxima competición era una ocasión única, donde varias generaciones de barcelonistas afrontaban la ocasión histórica de ver a su equipo coronado con el máximo cetro futbolistico. Varias generaciones de culés, abuelos y padres habían fallecido sin poder ver ese día
En esas finales, los jugadores salían al terreno de juego atenazados por la trascendencia histórica del momento, con el corazón a cien y plomo en las piernas, como es lo normal en el común de los deportistas que afrontan la ultima meta, siempre el rendimiento es menor. En caso de victoria la alegría es indescriptible, el no querer que los festejos acaben, el que los jugadores quieren hablar en el balcón de la plaza Sant Jaume, ¡que tiempos! Stoichkov dando saltos de alegria, Bakero, Koeman, Guardiola... con su "ciutadans de Catalunya..."
lágrimas, emoción....
sin duda, los días del primer amor
Ahora todo es distinto, el viejo Wembley ya no existe, Hay otro estadio, con su mismo nombre, en el mismo lugar , pero su estructura no es la misma, como el Barça. A día de hoy hay una nueva generación de barcelonistas que tiene interiorizado que el éxito es el estado normal de las cosas. Son el reflejo de unos futbolistas y de una estructura que se ha ido cultivando durante este tiempo
En la final de París, el rendimiento del Barcelona aun se ciñó al guión de lo que es una final típica: lucha, pundonor, épica, errores, aciertos, pugna entre dos escuadras ávidas de gloria y horrorizadas por el abismo de la derrota.
En la de Roma, el Barça dio un paso adelante, allí, trato el partido, como un encuentro importantisimo , pero lo jugó consiguiendo ceñirse a un patrón, sin dejarse influir por el rival, y dejando el pundonor y la ansiedad de lado.
y la de Wembley ya ha sido el hecho insólito de un equipo que trata a una final como si fuera un partido regular de la competición. Un equipo que en su planteamiento y ejecución no distingue entre un amistoso o una finalisima, juega sin ansiedad, como en un entrenamiento, con desparpajo, pero con absoluta concentración, en el posicionamiento y el trato del balón. Alcanzar ese punto es casi imposible para un deportista, el peso de la final siempre hace bajar el rendimiento del común de los mortales, por eso casi la práctica totalidad de las finales igualadas son encuentros trabados. Pero los futbolistas azulgranas crean un estado mental que escapa de la trascendencia del momento y otorga a los jugadores culés una superioridad metal y moral sobre sus rivales.
Lo cual se plasma en una aparente frialdad que muestran tanto a los contrarios en el terreno de juego, como a sus propios aficionados, porque, ¿quien se podría imaginar en 1992 que la plantilla del barça siquiera llegara a pensar en irse a un concierto de música pop el día después del partido mas importante de su vida? El Gallo dice que, si la justicia existiera, en una próxima celebración copera, la plantilla saldría al Camp Nou y recibiría la aclamación de unas 200 personas ¿y el resto? estaban cansados y se han ido a un festival de Radio Tele-Taxi.
En mi opinión, desairar a tu propia afición que había llenado el estadio tres horas antes, que había esperado a pleno sol, para comparecer veinte minutos, no querer hablar, dar una vuelta de honor apresurada, lanzar los fuegos de artificio aún con la luz solar e irse a aparecer sobre el escenario del concierto de Shakira, a mover las caderas desacompasadamente.... es digno de un episodio de los Serrano.
del tipo de cosas, si lo vas a hacer mal y sin ganas, mejor no las hagas.
Así es la cosa: Wembley 92 fue el temor y la pasión del primer amor; Wembley 2011 fue la costumbre y la serenidad del matrimonio, de un club casado con el éxito.
Gracias por leerme, hasta una próxima entrega y ya saben que pueden comentar.
un abrazo

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